Antecedentes

A finales de la década de los ochenta, la demanda por los productos orgánicos (productos libres de residuos tóxicos, organismos modificados genéticamente, aguas negras y radiaciones) empezó a crecer dramáticamente en los países del Norte. Esta demanda, que está basada en una creciente consciencia sobre la importancia del cuidado de la salud y la protección del medio ambiente, no se podía satisfacer solamente con la producción de los países desarrollados. Ante ello, muchos países del Sur respondieron con el desarrollo de su producción orgánica. En México, el proceso de desarrollo de la agricultura orgánica inició con agentes extranjeros conectándose con diferentes actores mexicanos, solicitándoles la producción de determinados productos orgánicos. Así comenzó su cultivo, principalmente en áreas donde insumos de síntesis química no se usaban. Éste fue el caso de las regiones indígenas y áreas de agricultura tradicional en los estados de Chiapas y Oaxaca donde se inició mucha producción de café orgánico. Posteriormente, compañías comercializadoras de los Estados Unidos influenciaron el campo a la producción orgánica en la zona norte del país, ofreciendo a empresas y productores privados financiamiento y comercialización, a cambio de productos orgánicos. Para el 2006 ya era el 1.6% de la tierra agrícola en México dedicada a la producción orgánica certificada.

Hoy en día, la agricultura orgánica se ha convertido en uno de los subsectores más exitosos de la agricultura mexicana. De hecho, a diferencia de los otros sectores agropecuarios del país, el orgánico ha crecido dinámicamente a pesar de la crisis económica. Así, la superficie orgánica presenta un crecimiento anual superior al 33% y el empleo en el sector aumenta 23% por año mientras las divisas generadas crecen 26% anualmente. Como resultado de este crecimiento acelerado, hasta 2006 más de 83 000 productores mexicanos estaban cultivando más de 300 000 hectáreas de manera orgánica y generando aproximadamente 250 millones de dólares americanos.

A pesar de que el crecimiento del sector orgánico representa un avance en la lucha para lograr un sistema alimentario más sostenible, en México se mantiene la dañina situación del monocultivo y la agricultura orgánica está muy dirigida a la exportación. (El 85% de la producción es exportada principalmente a los Estados Unidos, Alemania, Holanda, Japón, Inglaterra, Suiza, Canadá, entre otros. Así México está ubicado en el ámbito internacional como productor- exportador orgánico más que como consumidor). El enfoque de la producción en monocultivos y exportación limita los beneficios ambientales, económicos y sociales que la agricultura orgánica es capaz de brindar. En términos ecológicos, la producción industrial es dañina para la fertilidad de los suelos y aumenta la susceptibilidad de cultivos a plagas y enfermedades. Además, la exportación de alimentos requiere enormes cantidades de petróleo y agua, por lo que contribuye a la generación de emisiones que provocan el cambio climático. Otro problema es que el enfoque de exportación para satisfacer la demanda extranjera obstaculiza el desarrollo de mercados domésticos y regionales que pudieran favorecer a la población mexicana. Sin embargo, es importante reconocer que algunos productos orgánicos, principalmente la carne y los productos lácteos, están siendo producidos en primer lugar para el consumo nacional.